No entiendo lo de las medias naranjas. ¿No podríamos haber encontrado un símil más auténtico, activo y humano que el de este cítrico exquisito que en ningún caso debiera menospreciar?
Hace ya tiempo, rodeado de mucha gente joven, desarrollé una teoría a la que denominé "tu otro pie". Porque ¿quién va por ahí besando o lamiendo pies a los demás? Nadie. No toleramos los pies de otro en absoluto. Sin embargo, sólo hay un caso en el que todo cambia y se convierte en un festín de extrema belleza y en un baile romántico y sensual. Hablo del Amor. Cuando llega y se queda, no hay obstáculos ni fronteras y los muros que puedan existir se derriban aceleradamente.
Tu mano agarra su pierna, la deslizas muy lentamente navegando por su piel y aquel gemelo se derrite dando paso a su tobillo, punto de partida y equilibrio de su pie, cuyos dedos juegan a escaparse de tu pasión y en ningún caso logran... Con luz de velas perfumadas, agarras fuertemente de nuevo su pierna y dejando que su rodilla ceda levemente, acercas su empeine hacia tu boca...
De ese modo encuentras tu otro pie, aquél que nunca tuviste pero al que siempre juraste servidumbre y fidelidad. Un pie que no es como el de los demás y que no da bascas, sino placer, serenidad y se muestra delicado, sobradamente dispuesto ante tus dientes.
Amor, ese bendito veneno que convierte la locura en lucidez.