Creo que no le conocí. Quizás, sin ser consciente, él estaba justo ahí, en un concierto o en un cruce de miradas en cualquier paso de cebra. Puede ser que la vida no nos permitiera encontrarnos por otras razones, seguramente por un continuo desvío entre calles cercanas.
El caso es que no te conocí; sin embargo, de algún modo, un hilo de humo, una neblina matutina y un ligero correr del aire golpeó en algún momento, y a la vez, nuestras almas; y así, aquel fuego común nos unió en un lugar que aún muchos no conocen, un lugar que tú cruzaste y del cual yo quisiera saber menos...
Ni siquiera los que te conocen y echan en falta entenderían que escribo esto por ti.
Ni siquiera ellos me conocen. Ya sabes que ni siquiera yo te conocí.
Que mi música, y la de aquellos que me acompañan, significara para ti un baño de tranquilidad en tu lucha final ha azotado fuertemente mi corazón. Has dejado una huella dulce y fresca que espero poder transformar en una valiente inspiración,
Sin advertir tu rostro me has dado más de lo que había podido imaginar. Todo esto, por lo que tanto luché, ya tiene, contigo, sentido.
Sigamos en las nubes, amigo.
Cuadro de Nicholas Roerich
Música de Ennio Morricone

